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Una penosa crisis de gobierno prepara uno aún peor. No hacemos descuentos a nadie.

Entre las invocaciones del corazón de la Vírgen y las citas del Evangelio que acompañaron las últimas batallas del gobierno de color verde- amarillo, el segundo y último día de consultas en el Quirinal también se va concluyendo.

Digamos una cosa de inmediato: esta loca crisis de agosto no ha hecho más que demostrar, una vez más, la mala calidad, la planificación autónoma casi ausente de los gobiernos y los actores políticos de nuestro país. Un nivel tan retrocedido que el Primer Ministro Conte – que también firmó todas las leyes hasta mediados de agosto y que comenzó su discurso en el Senado reivindicando el decreto de seguridad bis como un éxito político – aparece como un gran estadista y a Renzi le está permitido resurgir como líder político de la “oposición” simplemente porque fue el único que había expresado cierta planificación (completamente en línea con respecto a los movimientos de los grandes capitales y de la gran burguesía internacional, por supuesto).

El espectáculo doloroso ofrecido por Salvini, claramente en dificultad en el contradictorio del Senado, mostró cómo la figura del líder de la Liga Norte fue “inflada en arte” por sus partidarios, así como, con diferentes fines instrumentales, por el PD, por los medios de comunicación generales y por el partido de La República.

Ahora esperará la terrible experiencia de los caídos o “desatará” sus casillas. Sobre esta segunda hipótesis tenemos serias dudas. Los gobernadores e industriales de la Liga Norte prefieren quedarse o influir en el gobierno para hacer sus intereses, no los likes.

Ni siquiera se ve bien para el Movimiento 5 Estrellas. Los grillini recuperan una costilla, mantienen un perfil bajo, pero revelan toda la pequeñez de su liderazgo listos para cambiar el paso del horno en los brazos del PD.

En resumen, la imagen que tenemos ante nosotros, representada plásticamente por el drama que tuvo lugar en el Senado hace un día, es la de un camino sin salida para las clases dominantes de hoy y los intereses económicos que representan. Esto vale también para los tres matices actuales del neoliberalismo italiano, centro-derecha, centro-izquierda y el movimiento de 5 estrellas. Las decisiones estratégicas sobre las prioridades del país no se toman en las aulas parlamentarias o en el Palazzo Chigi, sino que dependen de la sujeción a las instituciones financieras internacionales, de la combinación entre Quirinale, la Comisión Europea y los inversores en los mercados financieros. Los decretos de seguridad, las grandes obras, el alivio corporativo, los recortes al público, la ausencia de políticas industriales y planes de vivienda son los elementos secundarios de esto. Y, de hecho, el escenario que se anuncia en la Ley de Presupuestos en otoño prevé un gobierno, también con un “contrato de tiempo”, que pueda gestionar el ajuste de las opciones económicas a las limitaciones de la obligación presupuestaria y a los parámetros de Bruselas.

No es difícil entonces darse cuenta de quienesfueron los ausentes, no solo en las intervenciones parlamentarias, sino también en el debate público de todos estos meses. Lo que falta es una representación autónoma de los intereses populares. Falta quién pone, con fuerza y ​​sin ser aplastado o comprado, los reclamos de trabajadores y obreros, que se convierte en un megáfono para la voz de los precarios y desempleados, de mujeres y jóvenes. Para hacer esto debemos trabajar incansablemente.

En nuestra sociedad crece la desilusión, la iray la frstración por las expectativas traicionadas que encuentran su salida, por ahora, solo en la regresión racista y fascista alimentada y legitimada en los últimos meses desde arriba o en iniciativas desviadas contra una “casta” política ya debilitada abundantemente en comparación con el pasado. En cambio, se debe construir una alternativa de sistema, prioridades y relaciones sociales con respecto al escenario sombrío e inquietante que se ofrece. Con esta clase dominante al frente del país que oscila entre el aventurerismo y la subordinación total a las potencias internas y euroatlánticas, no hay futuro ni soluciones creíbles.

No pretendemos olvidar de ninguna manera que en 2011 todas las fuerzas políticas, desde el Partido Demócrata hasta la Liga y Forza Italia, firmaron la enmienda a la Constitución del artículo 81 con la introducción de un presupuesto equilibrado que condenó a muerte a un estado de bienestar ya agonizante. Con la maniobra presupuestaria nos veremos afectados por el canto hipócrita y habitual del “no hay dinero, Europa nos pide que aprietemos el cinturón” y lo harán una vez más con  las pensiones, la salud, los ingresos, el salario mínimo.

¿Qué medidas se necesitan hoy para comenzar un verdadero gobierno de cambio según nosotros?

Sin duda, la abolición del decreto de seguridad bis y las leyes de Minniti y Bossi-Fini, la cancelación de la Ley de Empleo y la restauración del artículo 18, el bloqueo del TAV y la autonomía diferenciada. Y, sobre todo, un plan que prevea un cambio radical en la política económica, social y ambiental, que ponga en primer plano la redistribución de la riqueza, una fiscalidad altamente progresiva, la recuperación del dinero escapado de los inversores y los multimillonarios para reinvertir en el bienestar colectivo garantizando educación, salud y trabajo digno para todos.

Sin estos pasos no hay cambio posible. No se cambia sin tener coraje y si se sigue aceptando la lógica nefasta del mal menor, fundada en el miedo de la derecha reaccionaria que solo la hizo crecer.

A nuestra manera, nacimos para hacer esto y estamos disponibles para aquellos que quieran hacerlo con nosotros, sin temor.

No nos corresponde a nosotros debatir cuál es la mejor pieza en el tablero de ajedrez de un juego que siempre es el dominio y la regla de otros. No tenemos tiempo para consumirnos ante la duda de qué elección hace menos horror, debemos organizarnos para marcar el único camino que nos hace realmente bien: el apoyo a las luchas, el conflicto, la presencia en los suburbios y en los barrios populares que deja atrás el horror del desastre ambiental, la pobreza, el racismo y el sexismo de los últimos años.

 

¡Todavía estamos a tiempo!

 

¡Poder al Pueblo!

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